martes, 5 de junio de 2012

Aniversario 182 del asesinato en Berruecos del Gran Mariscal de Ayacucho



El Gran Mariscal pensaba, como Bolívar, que la integración de los países que él ayudó a liberar de los españoles, era lo único que los podía hacer fuertes contra los imperios existentes en esa época.
¡Levantad el grito, armaos, uníos, y hacerles sentir que nunca son esclavos los pueblos que resuelven ser libres!
Antonio José de Sucre

"Cuando un aciago día del mes de junio de 1830, las balas fratricidas cortaron la existencia de un cumanés de 35 años en los riscos de Berruecos, no tan sólo mancillaba la historia de la Emancipación con un acto brutal y repugnante, como la mancha en un cuadro genial, sino que se irrumpía la carrera de un hombre que acaso era el único capaz de revitalizar la obra del forjador de la libertad de América del Sur, agotado por la enfermedad. Con el vil asesinato del Gran Mariscal de Ayacucho se torció el rumbo de la vida política del continente americano. La flor de los caballeros de la epopeya libertadora había sido suprimida. Bolívar lo llora con dolor, asco, tristeza e indignación".

Pedro Grases

Hoy no voy a referirme al fin de la vida de Antonio José de Sucre, ustedes lo pueden leer en mi artículo en Aporrea bajo este mismo título; lo que sí quiero es dejar constancia del mensaje político que él dejó a la juventud de los pueblos bolivarianos que luchan por su libertad económica, política y social. Debemos entender que nuestro proceso para la libertad económica, social y política aún no ha terminado, y que si no seguimos luchando por lo que ha conquistado la revolución bolivariana en Venezuela, Ecuador y Bolivia, todo se vendrá al suelo, como se vino la libertad que consiguieron nuestros libertadores. Muy pronto tras esa libertad tan duramente conquistada el 9 de diciembre de 1824, el imperio inglés se apoderó de los servicios públicos de toda la América, y no tardaría mucho tiempo para que los EEUU como lo había predicho nuestro Libertador Simón Bolívar, se adueñara de todas nuestras economías y hasta de la mundial. Por ello la vida y obra del Gran Mariscal de Ayacucho es ejemplo a seguir no sólo de nuestra juventud, sino de todos los pueblos bolivarianos.

El Mariscal Sucre fue ejemplo de honradez, magnanimidad, nobleza y lealtad. También es ejemplo a seguir como guerrero en la lucha por la libertad y unión de nuestros pueblos. Así lo hizo hasta el fin de su vida.

Ejemplo de su honradez la tenemos cuando Simón Bolívar lo encargó en enero de 1820 de compra del armamento en Las Antillas para la guerra de nuestra independencia, no sólo lo adquirió sino que presentó una relación completa del armamento comprado, sino que mostró una relación de gastos hasta el último centavo. Y como presidente de Bolivia 1825 – 1828, empleó a los hombres más honestos para cargos públicos y castigó severamente actos de corrupción, cosa que había hecho antes con los oficiales y tropas a su mando. Cuando después del Motín de Chuquisaca, 18 de abril de 1828, lo cual causó su renuncia a la presidencia de Bolivia, hubo personas que hurgaron en todos los papeles públicos algún detalle o motivo para acusar a Sucre de corrupto, pero no encontraron causa alguna.

Hablemos ahora de la nobleza de Sucre, cuando regresó de Bolivia a Quito tuvo problemas con el general Flores porque éste le impuso a la los familiares de su mujer una cuota de 300 pesos para gastos que había ocasionado la guerra de la independencia y quería cobrarla a la fuerza. Flores encargó a personas para que fuesen a las propiedades de los familiares de su señora esposa para tomar a la fuerza objetos de allí y cubrir así la cuota asignada a la familia de Marian Carcelen. Sucre, se indignó con el general Flores, que casi ni lo dejó bajarse de su caballo, a su llegada a Quito, para presentarle una carta cobrándole a su suegra la cuota ya mencionada. El cumanés le escribió una carta muy seria a Flores, quien lo acusó de estar conspirando contra él, de alzar a la gente a quienes les habían impuesto cuotas para que no pagaran y una pila de sandeces más, según carta que el mismo Flores le escribió al Libertador. Una vez arreglado el asunto, Sucre trató a Flores como uno de sus mejores amigos y hasta le dio a su hija Teresita para que la bautizara como premio del comportamiento del general Flores en la batalla del Portete de Tarqui, 27 de febrero de 1829. Otro de sus actos nobles se deriva en la noche que conoció a su futura esposa, Mariana de Carcelen. El general Sucre fue invitado por el Marques de Solanda a una fiesta en su casa para homenajearlo por su triunfo en la batalla de Pichincha, 24 de mayo de 1822 y sucedió lo siguiente, el general vencedor de la batalla de Pichincha conoció a la marquesa en un salón de la casa del Marques donde se suponía que no debían estar personas del sexo masculino, y no sólo esto, sino que el Marques sorprendió a Sucre y a su hija Mariana muy acaramelados, por lo que el marques tuvo un cambio de palabras con él. Esto bastó para que quien llegó a ser el Gran Mariscal de Ayacucho se sintiese obligado a contraer matrimonio con dicha dama.

Sucre magnánimo, así los podemos ver cuando en noviembre entre los días 27 y 28 1820 cuando redactó el Tratado de Regularización de la Guerra por ordenes del Libertador. Este tratado quiso hacer la guerra menos sangrienta de lo que era, y se convino con los españoles hacer cambio de prisioneros de guerra, cambio que se hacía según el rango de cada quien en su tropa, no se permitió y se convino en no llevar a prisión a heridos en los frentes de batalla, estos debían ir a hospitales para ser curados, se convino entre los patriotas y realistas que a todas las personas muertas en batallas se les diese sepultura.

Bolívar dijo,
“Este tratado es digno del alma del general Sucre; el más bello monumento a la piedad aplicada a la guerra.”

Antonio José de Sucre con la redacción del Tratado de Regularización de la Guerra se convirtió en líder de la defensa de los Derechos Humanos, este tratado fue la base para la creación de la Cruz Roja (1864) y el tratamiento de los heridos se le adelantó por siglo y cuarto, a la Convención de Ginebra de 1949 cuando se convino en el trato que se le debe dar a los heridos.

En cuanto a la lealtad de Sucre, fue el soldado más fiel que tuvo el Libertador a su cargo, presto a servirle en cualquier circunstancia, hay historiadores que dicen que, “Por seguir a Bolívar hasta casi el fin de su vida le causó su muerte” Veamos, el Mariscal La Mar invade la provincia de Guayaquil a principios del año 1829, Bolívar que tenía como Jefe de las tropas libertadoras del Sur al general Juan José Flores no confiaba mucho en él y prefirió al general Sucre para que tomase el mando de las mencionadas tropas y es así como le escribió una carta a Guayaquil el 28 de octubre de 1828 porque ya temía la invasión de esa provincia por parte de La Mar. Sucre recién había llegado de Bolivia y el Libertador le ordenó tomar el mando como Jefe Supremo del Ejército del Sur. El Gran Mariscal como noble que fue, dudó un momento, no quería desplazar a su amigo Flores del mando del mencionado ejército del Sur, pero al fin acepto y trató de mediar con el Mariscal La Mar para que no hubiese una guerra entre el Perú y Bolivia. La Mar no aceptó y más bien trató de sorprender al general Sucre colocándole en el Portete de Tarqui a su ejército a las espaldas de las tropas mandadas por Sucre, éste se percató del hecho y en una batalla que duró media hora derrotó con 3.500 hombres a una tropa que alcanzaba los 10.000 soldados. La Mar al rendirse temió que el cumanés tomase represalias e invadiese al Perú, por lo que Sucre le dijo, “La victoria no da derecho.”

Ahora díganme Uds. lectores qué país en este mundo actual no invade totalmente a un país enemigo y permanece allí por años.

Ahora vayamos al mensaje político que deja el Gran Mariscal de Ayacucho a la juventud actual de los pueblos revolucionarios, este mensaje no es otro que la lucha continua que hay que seguir por la libertad y unión de los naciones en contra del imperialismo. El Gran Mariscal tras su victoria en Ayacucho quiso acompañar con todo su ejército, (una maquinaria bien acoplada) y oficiales a su mando para ir a La Habana para liberarla de los españoles. Cosa que no se realizó al negar Lord Chocrane, Jefe Supremo de la Marina chilena los barcos para esa expedición, sin transporte para las tropas era imposible tal hazaña.

La unión de la Colombia, La Grande fue lo que lo llevó a su muerte. Bolívar lo llamó para que fuese al Congreso Admirable que se celebró en Bogotá entre enero y mayo de 1830, Sucre fue nombrado presidente de ese congreso que trató de que la Gran Colombia no se desintegrara e inclusive el Gran Mariscal con una pequeña comitiva trató de llegar a Valencia para parlamentar con el general Páez y convencerlo de que no se separara de Colombia, La Grande, pero fueron impedida de avanzar desde Táriba por ordenes del mismo Páez. Viendo el cumanés que ya era imposible hacer nada por la unidad de Colombia, como se le llamaba, no aceptó más cargos públicos y decidió irse a Quito para dedicarse únicamente a su esposa e hija, pero fue emboscado por órdenes emanadas de enemigos del Libertador y de él mismo, se señalan como autores intelectuales a los generales Juan José Flores, Hilario López y José María Obando, y yo añado que quizá algo tuvo que ver el segundo esposo de la Marquesa de Solanda, Isidoro Barrigas. Sucre fue muerto de un tiro en Berruecos tal día como hoy, 4 de junio de 1830.

El Gran Mariscal pensaba, como Bolívar, que la integración de los países que él ayudó a liberar de los españoles, era lo único que los podía hacer fuertes contra los imperios existentes en esa época, y esa lucha por la libertad debía ser constante, hasta lograr la emancipación absoluta. Esto está vigente hoy. De tal forma, no debemos abandonar nunca nuestra lucha por la libertad económica, política y social contra naciones imperialistas hasta ser completamente libres.

¡Viviremos y venceremos!

Artículo: Gil Ricardo Salame Ruc 
Fuente: RNV